lunes, 16 de mayo de 2011

Pasillos Azules. Adaptación para Módulo de Actuación.


Pasillos Azules

Era un día gris. La lluvia caía, los ríos fluían en las calles, las nubes no dejaban ver el sol. La gente apresurada, caminaba rumbo a su trabajo, al igual que todos los días. Entre paraguas e impermeables, evitaban ser presa del clima. A diferencia de todos, ella caminaba tranquila. Las gotas caían sobre su ropa mojada, pero a ella no le importaba. Había aprendido a vivir con lo inesperado de la vida.

Caminaba lentamente sin tener alguna idea de hacia dónde se dirigía. Pensó en buscarlo, pero sabía que no lo encontraría. Sabía que si de pronto lograba encontrarlo, él la rechazaría. Decidió entonces seguir su camino tranquilo, se sentía libre, como hace mucho tiempo no lo hacía. Sentía que podía volar y ser libre por el resto de su vida. Pero estaba sola. No tenía a donde ir, tampoco dinero y no recordaba donde estaba su familia. Su condición actual hacia polvo cualquier posibilidad de conseguir algún empleo. No tenía nada. Sintió que poco a poco la tranquilidad se alejaba y le daba la espalda nuevamente. De pronto notó como cada rostro giraba en torno a ella; todos la miraban y no entendía por qué. Volvieron las voces. Esas voces que solo controlaba cuando pequeños círculos blancos entraban a su cuerpo. Algunas le brindaban compañía, mientras que otras constantemente la atacaban, llevándola a numerosos intentos suicidas. Volteó a ver a su alrededor. Contempló entonces dos figuras blancas que avanzaban rápidamente en dirección a ella. La atraparon. Sus brazos fueron nuevamente entrelazados, quedando completamente inmóviles. Intentó escapar, pero hasta el más grande esfuerzo era inútil; la inyección comenzaba a viajar en todo su cuerpo.

Despertó en su cama como de costumbre, otro intento fallido de volver a la realidad. Atrapada nuevamente en el mundo de la locura, recordaba cada vez que intentó escapar, o bien, cada vez que salió buscarlo. Una vez durante la comida, por las noches mientras dormían, o incluso durante el día. Siempre quedaba a un paso de llegar la realidad, a su realidad; pero aquellas figuras blancas se encargaban de traerla de vuelta cada vez que lo intentaba. La sumergían nuevamente en la frialdad de aquellas paredes blancas, a través de infinitos pasillos azules.

Alguna vez logró encontrarlo. Entre aquellos árboles y niños, vio su silueta trasladarse entre el viento. Pero estaba con ella. A su lado, aquella pequeña figura fruto de su amor, que evitaba que pudieran estar juntos. Aquella pequeña figura que por más que intentó, no pudo borrar. Fue en aquella ocasión que dejo de intentarlo. Fue en esa ocasión cuando decidió dejarse atrapar en la paz del mundo de la locura y pequeños círculos blancos. Fue feliz un tiempo, pero el corazón no olvida, y su corazón siguió buscándolo. No podía olvidarlo. Cada cosa que veía estaba relacionada de alguna manera con él. Cada canción que escuchaba podía ser dedicada para él. Cada calle, cada parque, cada restaurante. Todo tenía su imagen grabada. Incluso sus voces, cuando lograban ganar la batalla contra los círculos blancos, se encargan de recordarle cómo lo amaba tanto, y como no podía estar a su lado.

Tanto lo amó que intentó buscarlo en cualquier espacio. Busco en cada rincón en el que pudo alcanzar. Abriendo cada puerta que pudiera ser abierta. Subió hasta lo más alto de las nubes, o tal vez hasta lo más alto que su prisión le permitió llegar. Estando en lo alto, lo vio. Tan hermoso o quizás más hermoso de lo que siempre había sido. Contempló esa maravillosa figura, no podía creer que estuviera frente a ella. Su corazón latió. Sintió tanta emoción al verlo, que hasta llegó a creer que su corazón le podría estallar. Sus voces le aconsejaron que fuera corriendo hacia él. Ahí estaba, no podía calcular la distancia entre ellos, pero pensó que no serían más que unos metros. Corrió desesperadamente en busca de esa hermosa figura. Corrió lo más rápido que pudo. Sus piernas luchaban contra la presión del aire, hasta que de pronto, sus pies dejaron de sentir el suelo. Pensó que quizás su mente estaría jugando con su locura, pero el juego ya había terminado. Y su cuerpo se vio sumergido en la profundidad paralela a un edificio. Recordando lentamente cada escena de su vida. Recordando aquel amor que la llevó a su final. Sintió paz por primera vez en mucho tiempo, pues sabía que no tenía ninguna posibilidad de luchar contra la gravedad. Se dejó ser su presa, se dejo atrapar, y su cuerpo se vio destrozado al sentir el contacto con el suelo.

***

Los rayos de sol le cubrieron el rostro, y le impedían contemplar su alrededor. Estaba inmóvil, sobre una rígida base. Tuvo una ardua batalla antes de poder liberarse del encierro de sus sábanas. Los círculos blancos detenían los delirios cuando estaba despierta, pero perdían efecto mientras ella dormía. Sabía que tenía que acostumbrarse a sus pesadillas. Un agudo sonido despertó sus sentidos, era la perilla de la puerta girando, seguida por una voz conocida:

-¡Viena! ¿Te encuentras bien? Escuché un fuerte golpe._ Era la enfermera que se encargaba de ella.

-Estoy bien… solo me caí de la cama.

-¡A todos nos pasa!… Levántate que ya es hora de que tomes tus medicinas.

Contemplo unos segundos aquellos círculos blancos, los llevo a su boca, tomo un poco de agua y los trago uno a uno.

Por: Rocío E. Contreras. Mayo 2011